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Las costumbres de los argentinos en el trabajo que más sorprenden a extranjeros
Crédito: Shutterstock

Una parte importante de la vida transcurre en ámbitos laborales. Sea desde casa o en una oficina, cada país va forjando sus costumbres más allá de respetar algunos códigos básicos. En las oficinas argentinas suena música, nos saludamos con beso, la vestimenta y los horarios son más informales.

La mejor manera de captar esas costumbres cotidianas y chiquitas que hablan mucho de nuestra idiosincrasia es ver nuestro día a día desde ojos extranjeros. Paige Nichols es de Washington, Estados Unidos y desde 2007 vive en la Argentina. "En mis 11 años acá, trabajé en una mezcla de startups locales y multinacionales, con equipos grandes y chicos, y siempre con una mayoría de argentinos. Me sigue llamando la atención lo del saludo a cada persona en la oficina, todas las mañanas, without fail. Soy muy sociable y abierta, pero a las 9:00 AM lo último que quiero hacer es darle un beso a 40 personas". Lo que describe Paige es una imagen habitual en los ámbitos de trabajo locales.

Jazmín Gutman es argentina y hace 3 años vive en París. Allá no hay beso personalizado en ningún caso. "Por ejemplo, el otro día una compañera anunció que estaba embarazada, yo me levanté a saludarla, pero muchos la felicitaron desde su puesto de trabajo", cuenta Jazmín y recuerda que en Argentina, sus compañeros le dejaban cartelitos o regalos en su escritorio el día de su cumpleaños. En Europa todo parece ser más frío o más formal. No es que las relaciones sean tensas, al contrario, en varios países se acostumbra el "after office" con compañeros de trabajo como acá.

Lars Kittel tiene 23 años, es de Múnich, Alemania y está en Buenos Aires para estudiar español mientras hace una pasantía en una ONG. Dice que si bien en Alemania solamente tuvo un trabajo, también en una ONG, aquí todo es más relajado e informal: "Me sorprendió un poco que el horario de llegada a la mañana no era algo estricto o que a veces se atrasaba una reunión y a nadie le parecía grave, es habitual que alguien mande un mensaje a pocos minutos de arrancar la reunión de que llega media hora tarde". Paige acuerda con esta idea de la informalidad en los horarios e identifica que muchas veces las reuniones se extienden demasiado. También la informalidad aparece en los códigos de vestimenta "salvo que trabajes en algo muy corporativo, nunca se me hubiera ocurrido que iba estar yendo todos los días de jean a la ofi. En Washington siempre tenía que ir de pollera y camisa", dice Paige que actualmente trabaja como Directora de Estrategia Digital en el sitio The Bubble.

El casual friday eterno

Es como si para la Argentina todos los días fueran "Casual Friday", una costumbre que llegó desde Estados Unidos y que también existe en algunas empresas locales. El viernes todo vale: la vestimenta más relajada, los horarios flexibles. "En Buenos Aires el casual Friday se musicaliza con cumbia", dice Lars, que los compañeros ya le enseñaron algunos pasos de baile. Y la costumbre argentina llegó a París, Jazmín es la encargada de musicalizar las tardes en la oficina que pertenece una marca francesa de zapatos. Primero la miraron raro pero ahora su jefe compró un parlante y la playlist de Jazmín suena mejor.

En muchas oficinas circula el mate. "No me divierte compartir el mate, especialmente cuando alguien tiene resfrío; respeto el ritual pero no me puedo sacar la idea de todos esos gérmenes yendo de boca en boca", dice Paige que también interpreta este compartir como algo lindo y que admira de los argentinos. "Yo conservo mi 'onda individualista yanqui'. En la oficina, si alguien compra algo para comer siempre lo comparte con los demás, no importa si es algo pequeño. Una vez traje arándanos a la oficina, una de esas cajitas chiquitas que cuestan fortuna, ¡y me sentí como la peor persona por no querer compartirlos con mis compañeros!"

Y, por último, lo que observa Paige luego de varios años en el país es la manera en que los argentinos acceden a ciertos puestos de trabajo o a ascensos "aquí los vínculos personales le ganan a los conocimientos profesionales, en muchos casos. Es algo que puede jugar a favor, claro, pero también puede ser muy frustrante si alguien menos capaz llega más lejos que vos solo porque los sábados juega al fútbol con el jefe".

Los intercambios culturales son siempre una fuente de riqueza para aprender nuevas costumbres y para evidenciar hábitos que están muy arraigados en nuestras maneras de trabajar y relacionarnos.

Por: Natalí Ini

Fuente: La Nación


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