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Sociedad

El Mantecol volvió a ser de Georgalos: el postre que nació hace 83 años en una pensión de Dock Sud

La historia del clásico que acaban de recuperar sus fabricantes originales: quién lo inventó y cómo era la primera receta.

La torta marmolada lista para ser troceada sobre el mostrador del almacén del barrio como si fuera un dulce de batata o de membrillo quedó tatuada en la memoria de varias generaciones“Por la vida contento voy, saboreando el rico Mantecol”, todavía tararean los nostálgicos de las campañas que hizo García Ferré para este producto que acaba de recuperar la firma argentina que lo creó, Georgalos.

El Mantecol está en los cimientos de la compañía fundada a fines de los años 30 por un inmigrante griego que empezó vendiendo puerta a puerta el postre que se convertiría en un emblema para los argentinos. Sin embargo, más de medio siglo después, en 2001, esta marca nacional pasó a manos de Cadbury-Stani, filial de la inglesa Cadbury Schweppes.

Esta semana se conoció la noticia de que los herederos de Miguel Nomikos Georgalos, aquel inmigrante creativo y emprendedor, le compraron a la empresa norteamericana Mondelez su marca insignia junto con otros iconos kiosqueros argentinos entre los que se encuentran los caramelos Palitos de la Selva y los chicles Bazooka.

Que el Mantecol sea un producto tan entrañable para muchos argentinos tiene que ver con sus orígenes tan indisociables de nuestra historia e idiosincrasia. También con su permanencia y su evolución en el mercado local y en nuestra vida cotidiana.

La historia del Mantecol

Como los abuelos de tantos argentinos, Miguel Nomikos Georgalos llegó a estas latitudes en barco y sin demasiada información sobre la ciudad del hemisferio sur que terminaría siendo su destino.

Escapaba de la invasión alemana a Polonia porque si bien había nacido en la isla griega de Chios, unos años antes había dejado atrás a su familia y su tierra con la ambición de aprender el oficio de pastelero en Varsovia.

Al puerto de Buenos Aires arribó en 1939, con 24 años, sin saber una palabra de español y sin más capital que unas cuantas recetas que tenía en su cabeza. Allí mismo conoció a un compatriota que le ofreció alojamiento provisorio en su casa, una pensión de Avellaneda, en el conurbano bonaerense.

No había tiempo que perder, Miguel tenía que encontrar la manera de ganarse la vida y lo hizo de la única forma que sabía: cocinando. En esa pieza de la calle Muñiz de la localidad de Dock Sud que fue su primera casa en Argentina, se propuso hacer Halvá, un postre a base de pasta de sésamo que en Grecia se consume para acompañar el café.

La receta original y los ingredientes con que se hace el Mantecol

El principal insumo de esta receta no se conseguía en estos pagos. Así que Miguel probó hacerlo con un producto mucho más popular: el maní. Le bastó con una paila de bronce que todavía conservan sus nietos para moler los frutos secos e incorporar el caramelo y la clara de huevo que aún hoy componen la fórmula del Mantecol.

Lo bautizó así porque una vecina lo veía parecido a los paquetes de manteca que, al igual que el postre de Miguel, estaba envuelto en papel de aluminio. La venta ambulante fue el primer canal de distribución de este producto que tuvo rápida aceptación entre los vecinos.

El negocio prosperó tanto que con los años el inmigrante solitario pudo traer a todo su clan a la Argentina y recuperar ese ideal tan mediterráneo de la familia unida. Sus padres, sus cinco hermanos y también algunos primos vinieron para participar de la empresa que entre fines de los años 50 y principios de los 60 se expandió a Córdoba donde incursionó en el negocio del maní.

La compañía tenía doble radicación porque nunca dejó de funcionar en Buenos Aires. Un dato curioso es que una de las plantas porteñas la construyó donde antes había funcionado la cancha de All Boys, en Elpidio González al 4400.

Es que el club de Floresta tuvo mucho que ver con el crecimiento de Mantecol. En los primeros tiempos este producto se vendía muy bien durante los partidos de fútbol de este equipo: Miguel era vecino del campo de juego.

Para los años 60, cuando el Mantecol se consumía en todo el país, era habitual ver su publicidad en la contratapa de la revista infantil Anteojito. Muchos recuerdan la “Bandita Mantecol”, un dibujo animado creado por García Ferré para sus primeros comerciales televisivos.

Durante su apogeo, Georgalos expandió su negocio a los chocolates, los turrones con oblea y los caramelos. En los años 80 comenzó a exportar pasta de maní a los Estados Unidos e incluso a mediados de los noventa se hizo un gran relanzamiento de la marca.

El Nucrem de Georgalos y la diferencia con el Mantecol

Pero la crisis de 2001 golpeó fuerte a la compañía que debió desprenderse de Mantecol, su nave insignia.  Y aunque años después lanzaron con éxito Nucrem, un producto inspirado en Mantecol pero con una textura más suave y cremosa, devolverle su marca original a Georgalos era un sueño pendiente que los sucesores de aquel inmigrante griego acaban de cumplir. 

Miguel Zonnaras, actual presidente de Georgalos y nieto del fundador de la compañía, analiza el secreto del éxito de su abuelo que hizo una golosina a partir de un postre ancestral: “Convirtió un producto específico de Oriente en otro muy masivo y para todo momento del día. Y que además es vegano y no tiene TACC", reflexiona sobre este invento octogenario pero muy contemporáneo.

Fuente: Clarín

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